El sarampión una enfermedad vírica que debes conocer

Sarampión
DFID/CC BY 2.0

El sarampión es una enfermedad que típicamente se daba durante la edad infantil. Y estamos diciendo que se daba porque se trata de una enfermedad infecciosa que se considera erradicada en muchos países del mundo. España ha sido uno de esos países que la Organización Mundial de la Salud fue dado por zona libre de sarampión en el año 2018. Esto no quiere decir que no se den casos, pero son todos considerados «casos importados».

Vamos a conocer un poco más a fondo cosas importantes de esta enfermedad.

¿Qué causa el sarampión?

No son pocos los padres que se alarman cuando ven a alguno de sus hijos con «granos, ronchas o alguna mancha rojiza». De forma casi inmediata acuden al médico y preguntan, ¿qué tiene?

Si bien es verdad lo que hemos dicho acerca de que es una enfermedad erradicada, también lo es que hay temporadas en las que aparece algún caso aislado o no tan aislado.

¿Cuál es el agente causante de esta enfermedad infecciosa? Es un virus. Un virus de la familia de los paramyxoviridae. Este virus tiene un período de incubación que oscila entre los cuatro y los quince días. Durante este tiempo, el sujeto afectado no presenta ningún síntoma. Una vez que estos síntomas, a los que después haremos referencia, aparecen, es cuando comienza a expandirse la enfermedad. El sujeto que enferma es potencialmente contagioso durante un período de tres a cinco días.

Transmisión y síntomas

El sarampión se contagia por medio del aire, viajando en las gotitas expulsadas en tos, estornudos, del enfermo. También puede suceder por contagio directo.

Los primeros días del contagio el enfermo no tiene síntomas; es cuando el virus establece una primera toma de contacto con la sangre del enfermo. En la semana posterior, aproximadamente, hay una segunda toma de contacto, y es cuando comienzan a aparecer los primeros síntomas, en forma de «catarro»; destilación nasal, fiebre, tos, estornudos…

Más o menos al décimo día de producirse el contagio, comienza a despertarse el sistema inmunológico o «defensor» del paciente, y es cuando aparecen los síntomas típicos de esta enfermedad. Son los siguientes:

– Síntomas aparentemente catarrales (tos, estornudos y lo que conocemos como «moquita»).

– Fiebre que en ocasiones puede alcanzar incluso los 40 grados.

– Exantema: el exantema son unas manchas rojizas, una erupción con una característica muy particular, desaparecen al presionarlas con el dedo y vuelven a aparecer al dejar de presionar. Es ligeramente sobre elevada, como pequeños habones que empiezan detrás de las orejas. De forma posterior se extienden a frente, mejillas, brazos, tronco (tórax y espalda) y después a las piernas. Es decir, de arriba a abajo. Aparece tres o cuatro días después de la fiebre. Estas «manchas» van desapareciendo progresivamente, más o menos al tercer día de haber aparecido, tomando el color de rojizo a marronáceo antes de desaparecer.

– Manchas de Koplik: son las que realmente nos dan el diagnóstico clínico. Son como las manchas que aparecen en la piel, con la diferencia de que estas tienen su localización en la mucosa de la boca.

A los diez días aproximadamente el exantema desaparece y a los quince ya casi no queda rastro, salvo una descamación, como unas «caspitas» en las manchas.

Diagnóstico y posibles complicaciones

El diagnóstico del sarampión es básicamente clínico, es decir, por sus síntomas. Cuando una madre con varios hijos ya ha pasado por la experiencia de un sarampión, sabe casi con toda seguridad diagnosticar la misma enfermedad en otras ocasiones.

No obstante, cuando queda alguna duda, existen analíticas específicas para confirmar el diagnóstico clínico realizado en inicio solo con conocer los síntomas y a la vista del paciente.

Así contado no parece enfermedad muy grave, pero lo cierto es que ha habido muchos casos de mortalidad infantil a causa del sarampión.

Una vez que desaparece la infección pueden aparecer complicaciones potencialmente graves. Las dos que pueden causar más problemas y más muertes son neumonía y encefalitis.

La neumonía (te recomiendo este artículo sobre neumonía) es una de las complicaciones más frecuentes. Como el sistema defensor o inmunológico de la persona que está enferma está debilitado, el agente causante de la neumonía puede ser mortal en casos en los que en condiciones normales no pasaría de ser una simple infección pulmonar.

La encefalitis es una complicación a otro nivel; suele aparecer en uno de cada mil afectados por esta enfermedad infecciosa. Es, como su propio nombre indica, una inflamación cerebral, con todo lo que ello puede conllevar si no se diagnostica y trata a tiempo.

No existe un tratamiento específico para esta infección. Simplemente reposo, tratamiento sintomático; es decir, antitérmicos, analgésicos, hidratación abundante… Eso suele ser suficiente para que el niño se recupere, a menos que necesite otro tipo de medidas para combatir las posibles complicaciones.

Prevención del sarampión

Y llegamos a una de las partes más interesantes e importantes. Dado que esta enfermedad vírica es altamente contagiosa, una de las medidas principales para evitar su propagación es el aislamiento. Es decir, tratar de evitar que la persona enferma mantenga estrecho contacto con personas que no hayan padecido la enfermedad o no estén vacunadas.

La vacunación es la estrella de la prevención para evitar la aparición de esta enfermedad. El calendario de vacunaciones actual establece que se administre la primera dosis de esta vacuna entre el primer año y los quince meses de vida del niño, administrándose una dosis de recuerdo a los cuatro años.

El calendario de vacunaciones va cambiando según las directrices del ministerio de sanidad lo establecen y es necesario vacunar a nuestros hijos para protegerlos, aunque no todos los padres la hacen.